Qué comidas se pueden congelar y cuáles no

Hay un truco muy sencillo para comer sano y variado todos los días: ¡teniendo siempre un recipiente de comida casera en el congelador! Aprovéchate de todas las ventajas de tus electrodomésticos AEG y de las comidas para congelar. Disfrutarás de una dieta sabrosa y equilibrada incluso en aquellos momentos en los que el tiempo no juegue a tu favor.  

¿En qué consiste el proceso de congelación y cómo llevarlo a cabo del modo correcto?

El congelador se ha convertido en un electrodoméstico tan imprescindible en la cocina como puede ser la nevera o la placa de cocción. Hoy en día prácticamente todos los hogares disponen de cajones congeladores en su frigorífico, o bien se dispone de un arcón congelador o de un congelador vertical anexo e independiente. No obstante, esto no siempre implica saber cómo utilizarlo de la manera adecuada.

Cuando adquieres productos congelados en el supermercado no hay duda de que éste es el lugar que deben ocupar hasta el momento de su consumo. Las dudas surgen cuando queremos congelar los restos de una comida o una cena, las verduras que sobraron a la hora de preparar un guiso o el caldo que ya no vamos a tomar hasta que vuelva el frío.

¿Qué determina si una comida se puede congelar o no?

Son muchos los factores que determinan si un alimento es apto para congelar: su textura, su composición, el hecho de si está cocinado o no, su forma de descongelación… La temperatura óptima de congelación para que los alimentos conserven todas sus propiedades es de -18ºC. Pero no se trata de un problema de cifras sino de química: por sus particularidades específicas no todos los productos soportan igual el cambio de temperatura por lo que no recuperan su composición original tras la descongelación.

Qué comidas se pueden congelar y cuáles no

De manera general, estos son los grupos de alimentos y comidas para congelar más comunes más allá de carnes y pescados:

  • Leche y batidos: durante el proceso de congelación las grasas y el suero tienden a separarse presentando un aspecto un poco “raro”. ¡No te preocupes! Una vez que se descongele volverán a juntarse y tendrán la textura habitual.
  • Verduras: lo mejor es hacer raciones (crudas o cocinadas) y guardarlas en bolsas de congelación con cierre hermético. Te resultará mucho más práctico.
  • Masas y harinas: la pasta que te sobra de un bizcocho, la base de los gofres que preparaste para el último cumpleaños, la masa de ese delicioso pan o pizza casera… Envuélvelas en film transparente ¡y al congelador!
  • Pastas y arroces: no hay inconveniente en congelar este tipo de alimentos. Sin embargo, y aunque conservarán todo el aroma y el sabor del plato original, es habitual que pierdan algo de consistencia en lo que a textura se refiere.
  • Guisos y sopas: la única complicación es encontrar el recipiente adecuado, que no se salga y que te quepa perfectamente en el congelador. Con los diseños AEG de gran capacidad esto último no representa ningún problema.

Alimentos que quizás no sabías que no se pueden congelar

Qué comidas se pueden congelar y cuáles no

Con la congelación te aseguras de que muchos de esos alimentos que llevan días rondando por la cocina no terminen echándose a perder. Pero cuidado: hay algunos ingredientes que tras su paso por el congelador pierden muchas de sus propiedades, por lo que es mejor comerlos únicamente frescos.

  • Huevos y salsas emulsionadas: el principal problema no es la congelación sino la descongelación. Como consecuencia de un cambio químico en sus partículas éstas terminan desligándose.
  • Quesos: si pretendes comerlo en un bocadillo o en un aperitivo, mejor no lo congeles, ya que pierde parte de su consistencia. Si lo quieres usar para fundir o cocinar, no hay problema.
  • Tartas y pasteles caseros: el problema no es de seguridad alimentaria sino de apariencia. Cuando estos postres salen del congelador lo hacen totalmente reblandecidos.
  • Patatas guisadas o cocidas: la fécula se deshace durante el proceso de descongelación y esto provoca una pérdida de sabor y una textura terrosa y poco agradable al paladar.

Por último, recuerda que los alimentos no deben perder nunca la cadena de frío. ¿Qué significa esto? Que una vez que hayas descongelado un plato que ya tenías cocinado no debes volver a congelarlo. Un caso diferente es aquél en el que has comprado un producto congelado (por ejemplo, pescado), lo descongelas y lo cocinas. En este caso sí que puedes conservar el resultado de tu menú en el congelador siguiendo las pautas que ya hemos comentado para que no pierdan ni su sabor ni sus propiedades nutritivas.